De niñas, mujeres y juguetes.
Casi es Navidad, y como todos los años, todo incita a las compras, a consumir y por supuesto, no pueden faltar los regalos de Santa, así que todos los medios bombardean a diestra y siniestra con los mejores juguetes para que los niños elijan aquellos que irán en la carta que el panzón recogerá en la madrugada, dejando el preciado regalo a cambio de ella y unas galletas con leche.
Generalmente estaría brincando en un pie de felicidad en la navidad pero no es así. Mi vida se encuentra en medio de muchos cambios, entre los cuales el más grande es haber abandonado la profesión que he ejercido durante diecisiete años para dedicarme por mi cuenta a algo completamente distinto. Quizás sea la falta de las dichosas prestaciones de fin de año, o estos meses de ajustes, pero estoy algo apática hacia las fiestas. Cobijada con este sentimiento miro la televisión con sus películas navideñas y sus miles de comerciales de juguetes con un dejo de fastidio. De pronto, veo algo que había olvidado: Todos los comerciales de juguetes para niñas son bebés, cosas para cocinar o princesas. Si, ya lo había pensado antes y todo pero hoy lo volví a ver; mientras que los niños pueden ser lo que ellos quieran, las niñas son entrenadas para ser madres y esposas. Y entonces pienso en mí.
Yo soñaba con eso, con ser la esposa y madre feliz y perfecta, y obvio toda mi fantasía pueril incluía la casa con la cocina luminosa, yo de vestido y mandil preparando los alimentos para mi familia mientras mi perfecta hija con un hermoso vestido jugaba con sus muñecos a tomar el té mientras llegaba el hombre de la casa a completar la escena. Lo pienso y no puedo evitar una pequeña risa irónica. Nunca fui consciente en esa época de lo violentamente estereotipada que era mi visión de lo que sería mi futuro y esa niña que era jamás podría imaginar lo distinta que sería mi vida hoy, quizás en algún momento hubiera sido posible pero ahora no, no soy material para ser una Stepford wife.
Escribo esto de noche, mientras todos en casa duermen ya, entre la pausa de los trastes y la barrida, y es impresionante ver cómo detesto las labores domésticas, lo hago porque los amo y esta casa debe ser habitable, pero no me entusiasma. Aborrezco el encierro de la casa. Disfruto una o dos semanas de vacaciones en casa, relajándome, pero más tiempo, me vuelve loca. No soy el ama de casa ideal, ni la esposa perfecta, y ni mencionar lo de ser una madre modelo. Soy yo, simplemente una madre que trabaja y trato de ser feliz con ello. Dejé atrás las expectativas, los roles autoimpuestos y los estereotipos, o bueno algunos.
Creo que por eso me encanta mi hija, ¿Recuerdan esa hija perfecta con su vestido hermoso jugando al té?, no existe. Tengo una hija que juega a las Tortugas Ninja, que tiene unos chacos con los que persigue a su papá diciendo “¡pelea, pelea!” y que cuando vamos al súper, pide un carro nuevo para su pista, pero llega al auto y abraza a su caballo y su perro de peluche, que juega con sus dulces a hacer comida como su papá. Es un ser increíble que no encaja en estereotipos, que jamás elige el rosa que le agrada a su madre, que quiere jeans y cola de caballo para poder jugar, pero a veces quiere vestido de princesa.
Y entonces recuerdo que mientras veíamos en la tele un comercial de una muñeca me dijo: “¡Mira mamá, hace popó… guacala!” y se acuerda que Santa le traerá la granja con animalitos y caballos que tanto quiere. Yo no sé si ella será mamá o no, si será esa ama de casa o qué, pero por el momento es feliz y al igual que yo, quiere salir, quiere ver que hay afuera, quiere correr, no soporta el encierro y eso me hace feliz.

Primero té deseo lo mejor en tu nueva etapa. Luego, no existe la perfección y si existe no me la han presentado. Así que tú tranquila que la vida es como es y según nos cuentas lo haces muy bien. Me gustó tu reflexión, gracias por compartir
ResponderEliminarEse “té” se me fue :S
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