martes, 28 de noviembre de 2017

Actividad 4.4 Mi monstruo dentro de la pluma.

¿Temor a escribir? Mentiría si dijera que aún lo tengo, creo que hace mucho lo dejé atrás.  Recuerdo los primeros años en los que comencé a escribir, en los que tuve que romper la barrera del miedo y la vergüenza para lograr sacar mis ideas, para que mi imaginación diera a luz a historias, seguramente, precarias, simples, llanas, torpes, pero finalmente mías.  Cuando intentaba escribir aquello que mi mal o buen hábito de fantasear me dejaba crear, siempre venía a mí esa voz que me decía: “¿Seguro quieres hacerlo? ¿Te vas a arriesgar a que alguien más lo lea y se ría de ti?”

Tendría entre ocho y nueve años, para entonces, era una adicta al teatro de Shakespeare, y recién había descubierto que Dumas, el de los Tres Mosqueteros, había tenido un hijo que había escrito “La dama de las Camelias”.  Tantas historias, tantas joyas magistralmente escritas me pesaban demasiado en el lápiz.  Esos libros que amaba hacían que cualquier cosa que yo escribiera pareciera basura pestilente y ofensiva.

Entonces llegaron a mí ideas que no quise olvidar, que me envalentonaron y me hicieron cuadrarme y levantar la cara retándolos.  Me hicieron mirarles en actitud de “me importa un carajo, lo voy a hacer y si no te gusta pues…” y de todas formas dejaba inconclusa la frase mientras las rodillas metafóricas me temblaban, pero igual escribía.

Un buen día mi papá descubrió que bajo la tapa del escritorio de madera, justo donde guardaba las hojas y algunos lápices estaban unos textos míos.   Maldita la suerte de  que mi escritorio estuviera cerca del teléfono y mi papá necesitara un lápiz y papel para tomar notas.  Fue así como los encontró, los leyó y recuerdo que me sentí profundamente contrariada y muy, muy avergonzada.  De hecho dejé de escribir un tiempo, me sentía muy presionada.  Ahora entiendo que era su intento para ayudarme, para hacerme crecer y alentarme a seguir escribiendo pero era una carga enorme para mi.  Solía decirme: “¿Has escrito algo nuevo hoy? Tú tienes un talento, un don y los dones y los talentos si no se ponen a trabajar se pierden.  ¿Recuerdas la parábola de los talentos? Si no lo pones a trabajar, te será arrebatado…”  Me causaba una profunda ira cada vez que lo decía, aún recuerdo a la perfección el patrón de la alfombra que miraba para evadirme.  Sin embargo, si lo pienso en este momento, creo que de cierta manera tenía algo de razón, que si no practicas algo te “oxidas” pero ¡vaya! en aquel entonces tendría unos nueve años y no podía pensar así.

Mi regreso a las letras fue mucho tiempo después, con lo peor que he escrito, lo que llamo la “poesía cursi absurda adolescente”.  Claro, me había enamorado y entonces trataba de plasmar ese nuevo sentimiento de alguna manera para sacarlo y que me dejara funcionar, para que me permitiera concentrarme en lo cotidiano.  Creo que no conservo nada de esa época de mi vida y de verdad lo celebro.  Con los años he descubierto que si hay algo en esta vida para lo que no sirvo (además de la música) es para escribir poesía.

Poco después de volver a la escritura, recordé lo mucho que disfrutaba narrar historias y fue entonces que  decidí comenzar de nuevo a escribir cuentos.  Y de nuevo me senté ante la hoja en blanco con muchos más autores viéndome desde arriba tratando de hacer pininos de nuevo.  ¡Qué miedo sentía! Era peor que cuando solo eran Shakespeare, Dumas y Lewis Carroll,  ahora eran cientos, de diversas épocas y estilos todos  terribles, juzgándome… o al menos así lo pensaba en ese entonces, hasta que lo entendí.  No eran ellos.  Era en realidad mi ego lastimado, el temor de sentirme poco, de sentirme incorrecta, insuficiente.  Se trataba de esa voz que una vez  dijo que no sería nada, que jamás haría nada que valiera la pena, eran las palabras de alguien a quien amaba y admiraba enumerando personas con talento a quienes, en su opinión, nunca podría alcanzar y eso me rompió el alma.  Salí a defenderme como pude pero a los 11 años lo que parece importante para tí, suele ser superfluo para un adulto y si, aún recuerdo esa sensación de los latidos del corazón retumbando en la garganta y los oídos, el ardor de las lágrimas detenidas por orgullo y la promesa de que algún día le demostraría lo contrario.

Fue cuando descubrí lo liberador que era escribir, cuando fuí consciente de que a veces, las lágrimas y la tinta pueden llevarse de la mano para sanar y  fue también cuando supe que tenía que hacerlo primero para mi, que mis letras primero eran mías y después de los demás.  Vinieron cuentos, cartas, historias, vivencias y escribir se volvió parte de mi vida.  Escribir fue mi terapia, mi sanidad.  Bien podía crear o recordar lo que fuera, las letras podían sacar la intensidad de mi sentir y calmarme.

Fue a partir de ese momento que aprendí que si necesito compartir lo que llevo dentro, bueno o malo, si quiero narrar algo que mi imaginación creó mientras fantaseaba, puedo tomar la pluma (o el teclado, en estos tiempos modernos) y exprimir la sangre de ese monstruo y  escribir,  escribir sin miedo, sin vergüenza ni pena.  Escribir con la desfachatez de quien ya no siente que debe redimirse.

3 comentarios:

  1. Que bonita historia, la verdad es que tuviste un proceso largo y lento. Me has dado varias ideas y ánimo. Gracias por compartir

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  2. Este párrafo me encantó

    “Fue cuando descubrí lo liberador que era escribir, cuando fuí consciente de que a veces, las lágrimas y la tinta pueden llevarse de la mano para sanar y fue también cuando supe que tenía que hacerlo primero para mi, que mis letras primero eran mías y después de los demás. Vinieron cuentos, cartas, historias, vivencias y escribir se volvió parte de mi vida. Escribir fue mi terapia, mi sanidad. Bien podía crear o recordar lo que fuera, las letras podían sacar la intensidad de mi sentir y calmarme.”

    Me gusta mucho tu forma de escribir, de narrar y de plasmar tus historias, ojalá pueda leer más de tus textos.

    ¡Abrazo!

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    1. Gracias! Si quieres puedes darte una vuelta por mi blog y sirve que me das tu opinión. :) https://ana-figueroa.blogspot.mx/

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