Confianza.
Ahí está, mientras intento escribir sobre ella. Quise evitarlo y preguntar exactamente sobre qué aspecto de la confianza debía escribir, pero no, no me salvé. “Lo que tú quieras, es una mera invitación” me dijeron. Así que estoy intentando organizar mis ideas para escribir sobre ella.
Siempre he creído que la confianza es una palabra, o quizás una actitud, acción o qué sé yo, de naturaleza ambivalente. La percibo como fuerte y débil a la vez.
Fuerte, porque no hay nada que sea imposible o inalcanzable si la posees; porque vuelve indestructible un vínculo cuando la hay. Y sin embargo, tan frágil que puede perderse en un instante y desaparecer para siempre, sin posibilidad alguna de ser reconstruida.
Así que reconozco que me cautiva, como casi todo lo que no es ni blanco ni negro y pienso: ¿Cuándo fue que nos volvimos tan cínicos que la confianza parece un bien inalcanzable? ¿Cómo es que dejamos de creer? ¿Lo hacemos parcialmente, sinceramente o solo elegimos en quien hacerlo y nos basamos en una serie de criterios a cumplir?
“Eres libre, confío en ti” las palabras más poderosas que alguien me ha dicho. “Solo sé sincera conmigo siempre” Confianza.
“Te amo, esto es todo lo que soy; toma, te lo entrego a ti” Confianza.
“Estoy destrozada, debo contárselo a alguien, solo a ti puedo decírtelo” Confianza.
¿Puedo creer en mí misma, pensar que soy capaz de lograrlo? ¿Puedo entrar y comportarme como dueña de mi persona, de mi tiempo, de mi espacio? ¿Puedo confiar en mí una vez más después de otro fracaso? Confianza.
¿Dejar salir lo que pienso y siento para ponerlo en letras y que los demás me miren así, desnuda el alma y sentir su escrutinio? ¿Seré capaz de creer que merezco y recibiré respeto o podré sobrellevar la falta del mismo? Confianza.
Qué bueno sería que el tiempo, la vida y aquellos no se hubieran llevado consigo esa fe, esa capacidad de creer como antes, como cuando se es niño. Sería increíble poseer la confianza que tiene ella cuando trepa al escalón más alto, al brazo del sillón, a aquel lugar que se le antoja como la montaña más alta para después cerrar los ojos mientras se ríe y dice “¡Atrápame!” mientras salta hacia mí.
De verdad anhelo creer de nuevo así.
Quisiera confiar en mí, como ella lo hace. Mirar el lugar a donde me han llevado mis pasos, mi pequeña gran montaña y saber que si bien ha sido incierto algunas veces, siempre me ha hecho más grande; que cada lugar mas que destino ha sido trayecto.
Sucede que miro el camino que hemos andado y cómo siempre he estado segura en sus manos, y pienso que a veces solo me hace falta creer, reír con los ojos cerrados y saltar al vacío.

¡Qué desafío! Me quedé con un poco de angustia... luego me acordé que la confianza ahí sigue, quizá sólo te sientes perdida por momentos, pero creo que la mayoría de las cosas, cuando las escribimos, se van acomodando, y detrás de ella, la vida. Tú puedes.
ResponderEliminarMe gustó mucho tu texto... soy tu fan.
ResponderEliminarSaludos
Me gustó tu texto, me gusta tu estilo. Mi comentario va un poco más hacia el diseño de tu blog.
ResponderEliminarAl ser transparente, las letras se confunden un poco con el fondo y dificultan la lectura (por lo menos desde una computadora), aparte de distraer al lector.
Abrazo.
Me encantó tu testo, me deja más preguntas que respuestas y eso para mí es bueno. Extraño, como tú, a esa niña que creía que todo era posible que confiaba ciegamente y espero algún día recuperar esa fé ciega.
ResponderEliminarGracias por compartir.